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11.03.09

Varón sin ganas


 

 

Hoy se habla de equidad de género. En todas partes, como una moda. Igualdad en las posibilidades de acceder a un cargo político, aplicar a un trabajo, compartir las tendencias estéticas. Hoy hombres y mujeres nos reconocemos más parecidos que extranjeros. No sólo se trata de vestir los mismos colores o usar similar corte de pelo. En asuntos más trascendentes, como el desarrollo afectivo, intelectual, social, parece que estamos parados en la misma vereda.

Sin embargo, como todo cambio en el devenir humano, es un proceso gradual, resistido y costoso. Y entonces con facilidad caemos en los chiches viejos de tanto uso: que las mujeres pueden participar en tres conversaciones a la vez y que los hombres no pueden conectarse con su lado sensible.

La última trinchera, evidente, es la sexualidad. Este terreno resiste con fervor. Por ende, las mujeres debemos continuar omitiendo nuestros gustos y deseos y los hombres deben seguir estando siempre dispuestos (y con ganas).

Esto no sólo puede generar presión, también angustia e insatisfacción. Posiblemente la mayor carga la lleven a cuestas los varones. En ellos la sociedad ha depositado durante siglos la actitud activa. Por tanto, la aparición de ciertos trastornos en el comportamiento sexual como la pérdida de deseo, puede generar en el hombre y también en su pareja, confusión e incertidumbre y requerir el acompañamiento profesional.

 

Según explicó el Dr. Santiago Cedrés, profesor adjunto de Medicina Interna  y sexólogo clínico, se deben diferenciar las causas de origen orgánico de las de orden psicosocial, si bien en la mayoría de las situaciones ambos factores coexisten. En la adultez masculina, el deseo sexual hipoactivo, es decir, el desinterés sexual, puede estar relacionado con la alteración en los niveles de algunas hormonas durante la andropausia, en la que la testosterona (hormona sexual responsable del deseo) disminuye más de lo que se espera para la edad, sostuvo el sexólogo.

 

En los hombres mayores a 40 años, la deficiencia de testosterona se debe en buena medida y en la mayoría de los casos, a una modificación en la función testicular. A diferencia de la menopausia femenina, la deficiencia de hormonas es gradual y por tanto, los síntomas pueden pasar inadvertidos. Además, éstos son heterogéneos e inespecíficos, por lo que se hace difícil reconocer rápidamente la deficiencia hormonal.

El síntoma predominante por excelencia es el gran desinterés por la vida sexual. Situaciones con un alto contenido erótico, que antes significaban importante respuesta, ahora no provocan nada. Cuando la persona no está en pareja, puede tolerar esta situación por un período prolongado, pero cuando son dos los afectados, esto puede tener consecuencias devastadoras. Muchas veces aparecen otras disfunciones en carácter reactivo en los varones (impotencia, eyaculación retardada), las que harán que la actividad sexual de la pareja mengue aún más y hasta desaparezca, lo que lleva en la gran mayoría de los casos, a serios problemas de relación, agregó Cedrés.

 

Ante el cambio del comportamiento sexual, es recomendable la consulta a un profesional de la salud, para evitar no sólo que el problema se agrave, si no para encontrar junto él y la pareja, una solución. El sexólogo explicó que existen técnicas de enriquecimiento sexual que permiten abordar el tema desde la perspectiva masculina y también la femenina, lo que facilita el acercamiento y el encuentro de recorridos comunes para mejorar la sexualidad de ambos.

 

Sostuvo a su vez que es imprescindible descartar las causas orgánicas. La determinación en sangre del nivel de testosterona es un examen necesario y primordial para ajustar los niveles de esta hormona al normal para la edad, ya que si no se corrige este déficit el fracaso del tratamiento es la regla. Se deben subsanar las causas médicas, dar fármacos que aumenten el deseo sexual, como la testosterona cuando no está contraindicada y apoyar la repercusión emocional, diseñando  algunos ejercicios que poco a poco vayan sensibilizando, sensualizando y re erotizando a la persona afectada y a  la pareja, afirmó.

 

Cedrés agregó que también se deben considerar las causas psicosociales como el estrés, problemas de relacionamiento, falta de tiempo para estar en pareja y a solas. Sin embargo, explicó el sexólogo, se trate de este tipo de causas o de factores orgánicos, la falta de deseo sexual  no es normal en ninguna etapa de la vida. La respuesta sexual va cambiando con el paso del tiempo, pero siempre debe existir una sexualidad placentera para ambos miembros de la pareja.

Para conseguirla o recuperarla, aconsejó destinar tiempo preferencial para la intimidad no sexual, dado que cuando existe tiempo para encontrarse, charlar, salir sin los hijos, se mantiene una relación más estrecha y es más probable que se sienta un mejor interés sexual.

 

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