Todo cambia al oír los latidos, pum-pum, pum-pum, pum-pum.
Mamás y papás juran que escuchar por primera vez el pequeño corazoncito de su bebé es una experiencia indescriptible; no hay palabras para tanta maravilla. La vida es un milagro que late y crece. En ese momento, en el que todavía no hay panza, ni ropitas diminutas ni mamaderas, es como si finalmente terminaran de asumir que en nueve meses serán papás.
Pero el proceso empieza mucho antes de esa ecografía e incluso, mucho antes del momento de la concepción. Tiene sentido: las mujeres debemos estar adecuadamente preparadas para recibir a la nueva vida. Algunas intuyen que están embarazadas aún antes de hacerse cualquier análisis, pero la mayoría, confirmamos la sospecha con el retraso menstrual. Para ese entonces, visitamos al ginecólogo mientras transitamos entre la seis u ocho semanas de gestación. Es por esto que los profesionales de la salud hacen hincapié en la planificación del embarazo y en la consulta preconcepcional, a fin de corregir conductas inadecuadas y promocionar aquellos hábitos saludables y deseables para la nueva etapa. En dicha consulta el ginecólogo puede detectar enfermedades crónicas tales como diabetes, hipertensión, anemia, tombofilias (en pacientes con antecedentes familiares o personales) y patologías odontológicas, entre otras, y darle un correcto control, estabilización y tratamiento.
De los tiempos en que la realización femenina recorría únicamente el camino de la maternidad, han cambiado mucho las cosas. Trabajamos fuera, seguimos encargándonos de las tareas de la casa, algunas continuamos estudiando o ya tenemos hijos. Para nosotras, las mujeres de estos tiempos, el embarazo es un disfrute exigente. Una buena alimentación es fundamental en todas las etapas de la vida, pero la adecuada preparación nutricional antes del embarazo es esencial, dado que tiene incidencia directa en el desarrollo del bebé. Debe controlarse el bajo o excesivo peso y eliminarse los hábitos tóxicos como el consumo de alcohol y tabaco.
El embarazo no debería pasar inadvertido en las rutinas familiares y laborales y las mujeres deberían gozar de tiempo para alimentarse correctamente y para descansar. Justamente, el poco tiempo que tienen las mujeres embarazadas para el descanso necesario ha sido identificado como una de las razones por las que persiste la desnutrición infantil, aún en hogares que gozan de seguridad alimentaria, sostiene la Lic. Nutrición Florencia Cerruti.
Es importante que la mujer consuma cantidades adecuadas de ácido fólico antes de quedar embarazada, lo que puede evitar un 72% de los defectos del tubo neural. El cierre del tubo neural ocurre entre los primeros 21 a 27 días de la concepción, muchas veces cuando la mujer recién está sospechando el embarazo. Por ello es fundamental que en el periodo preconcepcional la mujer obtenga el ácido fólico por tres vías: alimentos fuente (vegetales de color verde oscuro, leguminosas como lentejas, porotos y garbanzos, y naranjas); alimentos fortificados (recordando que en el Uruguay desde el año 2006 es obligatoria la fortificación de toda la harina para consumo humano con hierro y ácido fólico, y por lo tanto pan y pastas también están fortificadas) y por último a través de los suplementos medicamentosos, por lo menos tres meses antes del embarazo, agrega Cerruti.
El ginecólogo Gualberto Arribeltz, Profesor Agregado
de Ginecotocología en Comunidad, de la Facultad de Medicina (UDELAR) explica
que la suplementación de ácido fólico constituye hoy en día una de las
principales medidas preventivas a iniciar en la consulta preconcepcional.
La alteración en los hábitos alimenticios, producto del estrés, largas jornadas laborales y prolongados tiempos de ayuno, baja calidad nutricional de los alimentos (ricos en grasas saturadas y colesterol) o por el contrario dietas hipocalóricas, son algunos de los factores que inciden negativamente en el embarazo.
El Dr. Arribeltz explica que en ciertos casos, además de una nutrición adecuada, es necesario el suplemento de minerales y vitaminas:
§ Adolescentes que se encuentran en fase de crecimiento y necesitan aportes suplementarios de calcio, hierro y vitaminas esenciales
§ Pacientes con déficit nutricionales globales por malas condiciones socio económicas
§ Pacientes disalimentadas por estrés laboral, muy delgadas o con obesidad por alteración de hábitos alimenticios
§ Mujeres vegetarianas
§ Embarazos múltiples por aumento de requerimientos
§ Patologías maternas que condicionen alteraciones en la dieta (infecciones, trastornos disabsortivos, hipertensión, diabetes, etc.)
Además de la suplementación de ácido fólico, es importante que aseguremos reservas de hierro, habitualmente escasas dado la alta demanda que nos suponen las pérdidas menstruales. Se recomienda para ello el consumo de hierro hemínico (carnes en general) y no hemínico (leguminosas, yema de huevo, vegetales de hoja oscura) acompañados de un alimento rico en vitamina C (tomate, cítricos, brócoli) para mejorar su absorción, sin olvidar el consumo de alimentos fortificados, explica Cerruti.
Mientras y luego de la espera
He aquí algunos tips para tener en cuenta durante el embarazo: debemos evitar largos períodos sin comer e iniciar el día con un desayuno completo que incluya lácteos, pan y fruta y luego realizar al menos tres comidas más, que nos proporcionarán los nutrientes clave: hierro, zinc, calcio, ácido fólico y ácidos grasos esenciales. La cantidad de calorías que debamos agregar dependerá de nuestro estado nutricional previo. Durante el tercer trimestre Cerruti sostiene que es recomendable agregar una cuarta porción de lácteos y consumir durante todo el embarazo al menos 100 gramos de carne de cualquier tipo y cinco porciones de frutas y verduras de diferentes colores, dos cucharadas de aceite vegetal al día y pescado (200 gramos una o dos veces por semana como mínimo).
Una vez finalizado el embarazo, iniciamos una etapa también demandante y fundamental desde el punto de vista físico y afectivo: la lactancia. La cantidad media de leche (750 a 800 ml/día) y su calidad es similar en todas las mujeres aún cuando exista peso normal, obesidad o malnutrición ya que la concentración de la mayoría de los nutrientes (proteínas, vitaminas, calcio, etc.) se realiza a expensas de las reservas maternas, explica Arribeltz. Generalmente, la lactancia nos supone una demanda nutricional más importante que el embarazo. Por tanto, se recomienda que aumentemos la ingesta calórica en aproximadamente 500 kcal diarias si se tiene un buen estado nutricional y se cuenta con 4 o 5 quilos para perder o alrededor de 670 kcal/diarias si no se tienen esos kilos o la mamá presenta bajo peso, explicó Cerruti. A pesar del aumento en la ingesta calórica, el gasto energético que supone la lactancia es uno de los principales factores que favorecen que progresivamente perdamos peso en los meses siguientes. La nutricionista agregó que se recomienda a su vez, el consumo diario de 1000 mg de calcio.
Por su parte, Arribeltz sostuvo que hay otras recomendaciones a tener en cuenta en este período: higiene en la ducha, lavado y correcto secado del pezón, evitando el uso de cremas o ungüentos (salvo indicación médica) y el inicio progresivo de ejercicios físicos moderados como caminatas, trote, bicicleta. Se sugiere diferir el inicio de las relaciones sexuales hasta 30 a 40 días luego del parto y que al reiniciarlas la madre y su pareja tengan decidido el método anticonceptivo que mejor se adapte a ellos. Se recomiendan básicamente los anticonceptivos que no interfieren con la lactancia, la colocación de DIU de cobre o con sistema liberador de levonorgestrel o el uso de preservativo. Por último, el reinicio de los controles ginecológicos rutinarios, anuales con indicación de Papanicolaou aproximadamente a los cuatro-seis meses postparto.
Resultados: De 1 Para 0 (Total: 0)
Pagina: