Podemos recordar decenas de pendientes sin llevaragenda: la reunión de la tarde, el cumpleaños de la tía, las compras para lacena, la consulta con el médico. Somos capaces de trabajar dentro y fuera de casa y hacernos tiempo para contar cuentos, ir al gimnasio, ponernos lindas.
Yademás, las mujeres tenemos otra gran habilidad: la de sentir culpa. ¿Es que hemos sido enseñadas para transitarla como un estado normal de la existencia? ¿Será que la culpa es un rasgo típicamente femenino?
Si tenemos trabajo en la oficina, nos atrapa la culpa por pasar poco tiempo con nuestros hijos. Si nos quedamos, también la pasamos mal por desaprovechar los desafíos que podríamos afrontar puertas afuera. Nos sentimos en falta por desatender a nuestros padres, por no poder preparar comida casera y comprar congelados, por mimarnos poco o salirnos de la dieta. La pregunta es, ¿los hombres lo sufren igual?
La psiquiatra psicoanalista Gladys Tato explica que la vivencia de culpa en el ser humano es inherente a dos aspectos, tanto en los hombres como en las mujeres: sentimos culpa por dañar a la persona amada y culpa por haber fallado a lo que otros esperan de nosotros o a lo que esperamos de nosotros mismos.
Sin embargo, la especialista explica que en nosotras, las mujeres, se combinan ambos tipos de culpa, lo que habitualmente nos hace más "culposas" a los ojos de lasociedad. Por la particular sensibilidad femenina nos sentimos muy afectadasante el desvalido, el enfermo, el marginado y aunque no sea producto de un dañohecho por nosotras, sentimos una particular necesidad de ayuda que, cuando nola podemos poner en práctica, nos genera culpa, explica.
Esa extraña y negativa sensación tiene al menos doscaras. La culpa que podemos experimentar internamente y la que proviene de lamirada de los otros, que no siempre es intencional ni explícita. Los demás son grandes generadores de culpas. Basta un comentario poco feliz, una mueca dedesaprobación, un silencio, para que nos sintamos pequeñas, angustiadas, en falta.
Al respecto, Tato explica que otro aspecto importante es que las mujeres estamos en relación con lo que sentimos como mandatos de nuestros progenitores. La mayor parte de las mujeres de esta época procedemos de familias en que la mujer era esencialmente m adre cuenta.
Pero las cosas han cambiado y mucho. Las mujeres ya no vemos en la maternidad el único recinto donde desarrollar nuestra espiritualidad, nuestra vocación, lo mejor de nostras. Y como los frentes se multiplican, la culpa espera su turno.
Hoy en día las mujeres además de la maternidad, prestamos mucha atención a nuestra vida afectiva, de pareja,a nuestro desarrollo personal. Y para hacerlo, debemos repartir la atención y nuestro tiempo entre todo eso y nos sentimos en falta porque creemos que menoscabamos o descuidamos algún aspecto.
La culpa está habitualmente centrada en la modificación de la forma de ser madre, que es inevitable cuando desarrollamos otros roles, sostieneTato.
Quizá un primer paso para vivir con menos culpa, sea reconocer este escenario, propio de la moderna concepción de género. A diarionos desdoblamos en varias mujeres a pesar de seguir siendo las mismas: madres,esposas, amigas, trabajadoras. La culpa aparecerá si no somos capaces de disfrutar y acompañar las distintas facetas que vamos eligiendo ser. No podremos abarcarlas por igual en todo momento, reconocerlo y reordenar nuestras prioridades personales y afectivas puede ser un ejercicio interesante para poner en práctica y así sentirnos más livianas.
por María Inés Fornos
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