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17.06.09

El sexo en la historia. Por el Dr. Enrique Pons

 

 

¿Alguna vez observó usted cómo tienen sexo los animales? No me diga que nunca lo hizo, eso no sería normal. Porque la curiosidad y el interés sexual son dos características naturales y sanas de la sexualidad.

 

Así que atrévase a asumir que Ud. goza de salud sexual y recuerde… los animales tienen sexo sin reglas ni condicionamientos, salvo los que les imponemos los humanos, que los confinamos,los castramos o los corremos a escobazos cuando el espectáculo nos parece poco edificante.

 

Seguramente el sexo entre los primeros humanos, hace millones de años, fue así. Y si Ud. vio a quella película en la que aparecían humanos prehistóricos “inventando” la posición “cara a cara” para tener un coito, no lo crea. Los chimpancés bonobo,una especie pequeña de esos simios, menos conocida que los chimpancés que vemosen los zoológicos, en los circos, o en papel protagónico en películas deTarzán, la utilizan con frecuencia. Y al parecer, la disfrutan mucho.

 

Así debe haber sido también el sexo de los primeros humanos: espontáneo, sin ocultarse de posibles espectadores, y sin reglas de conducta especiales. Pero hay una pregunta difícil de contestar respecto a esto: ¿fue así para “todos” los humanos? Quizás desde el comienzo el sexo haya sido más disfrutable para el varón que para la mujer. Quizás desde los inicios los varones hayan impuesto sus deseos y sus exigencias a las mujeres… por aquello de ser “el sexo fuerte”.

 

Hay otra pregunta, también difícil de contestar, aunque existan muchas respuestas posibles,ideadas por antropólogos, arqueólogos, y psicólogos evolucionistas. Como yo no tengo ninguno de esos títulos, no optaré por ninguna respuesta para la interrogante de por qué surgieron reglas y condicionamientos acerca de las conductas sexuales. Por qué en gran parte de los pueblos, el sexo resultó más condicionado y más reprimido que otras conductas.

 

Lo cierto es que las legislaciones que los humanos se dieron, y las religiones que adoptaron,establecieron gran parte de las reglas que aún hoy se siguen repitiendo enforma de mitos, prejuicios, tabúes y… miedos. Cada comunidad creyó, y aún cree,que sus propias reglas acerca de las conductas sexuales, su “moral” sexual, es mejor que la de las comunidades vecinas. Para unas es mejor la castidad, para otras eso es una estupidez. Para algunas la monogamia es óptima, para otras eso es un prejuicio. Para algunas sólo el coito es una actividad normal, para otras eso es aburridísimo. Para unas sólo la actividad sexual con finalidad reproductiva es moral, para otras eso es irracional.

 

Es verdad que los tiempos han cambiado y que la rigidez de las reglas de otros momentos históricos no tiene vigencia en la práctica. Pero es “en la práctica”, precisamente,que la historia enseña que en sexualidad, también es verdad aquello de que“hecha la ley, hecha la trampa”. Para toda conducta sexual imaginable, han existido interdicciones, y excepciones a la misma. El incesto ha sido una prohibición casi universal, pero para los faraones egipcios y para los Incas (los reyes, no el pueblo), era casi un desideratum, a fin de preservar la pureza de sangre de las dinastías reinantes. Las culturas polígamas establecen límites al número de mujeres que puede tener un varón: 4 entre los musulmanes (y siempre que se las pueda mantener decentemente), pero los poderosos, porejemplo los sultanes Otomanos, mantenían harenes enormes. Los hijos nacidos en el seno del matrimonio santificado religiosamente, tenían los privilegios acordados por las leyes en las naciones cristianas europeas, pero ser un bastardo real o principal, fue durante gran parte de la historia un factor de privilegios, como el caso de Guillermo el Conquistador (1027 o 28 – 1087), rey de Inglaterra, o de don Juan de Austria (1545 o 47 – 1578), Capitán General de las Fuerzas Reales españolas y Gobernador de Flandes.

 

Pero si no se era faraón, o sultán, o rey… todo el peso de la ley podía caer sobre quien fuera descubierto en conductas “aberrantes”, o fuera denunciado, aún sin pruebas. También según dónde se viviera y bajo que leyes, la masturbación o el adulterio podían serpasibles de flagelación, el ser madre fuera del matrimonio podía confinar a unamujer en un convento, o a la lapidación, la homosexualidad podía conducir a lamuerte, y la sospecha de que un varón no lograba descendencia por brebajes o hechizos de una mujer, podía terminar con ésta en la hoguera, acusada de brujería.

 

Porque no hay que engañarse. También en sexualidad, o quizás especialmente en sexualidad, lo que para los varones era una travesura, para las mujeres era un pecado; lo que para los varones era una mera trasgresión, para las mujeres era un delito execrable; lo que para los varones significaba penitencia, para las mujeres implicaba la posibilidad de condena a muerte. Han existido, y existen, algunas culturas permisivas para las expresiones de la sexualidad de las mujeres, pero son excepción. En el resto, el fiel de la balanza no marca el cero de la equidad,el platillo destinado a las mujeres baja marcadamente por el peso de la sumisión, que la tradición estampaba en la frase: “el hombre tiene derechos…”

 

Cierto que también han existido excepciones. Pero Catalina “la Grande” (1729 – 1796), zarina de Rusia desde 1762, célebre por una tremenda voracidad sexual, al igual que Valeria Mesalina (25 – 48), emperatriz de Roma desde 41, o Isabel de Angulema (1186 – 1246), reina de Inglaterra entre 1200 y 1216, son apenas anécdotas, sin verdadera trascendencia cuando se piensa en la enorme hueste de mujeres, destacadas o comunes y corrientes, que han pagado el precio de ser “el sexo débil”. Hoy vivimos en épocas de “liberación sexual”, de “derechos sexuales” y de “demolición de mitos y tabúes”, sin embargo sigue existiendo un enorme trecho entre lo que nuevas leyes y declaraciones establecen y lo que muestra la realidad. Quizás un repaso más detenido a lo que ha sido el sexo en la historia, serviría para tomar plena conciencia, por parte de los varones, de los vejámenes y humillaciones a los que hemos sometido a las mujeres. Quizás una reflexión sobre ello nos pusiera nuevamente en condiciones de alcanzar una verdadera liberación sexual, no exenta de reglas (porque no existe ninguna sociedad sin reglas), pero armónica, tolerante, respetuosa de la dignidad decada quien, y plenamente disfrutable.

 


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COMENTARIOS


14.11.09 - Por: aYKePpxFnbdcNGrVAsg yZFONJzaatIf - WbYkIwaLLGMP

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24.06.09 - Por: Gabriela Tellechea Martin - Uruguay

Hola, como siempre, El Dr Pons nos asombra y nos hace sonreir, ademàs de educarnos. Por suerte, contamos con docentes como èl. Cariños a todos

24.06.09 - Por: Beatriz Rynkowski - uruguay

Me gustaría registrarme. Me parece importante sus artículos. Gracias

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