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18.11.09

¡Qué gordito más lindo!

 ¿Por qué está gordo mi hijo? ¿Debería ponerlo a dieta o simplemente es más fuerte o robusto que la media? ¿Qué debo hacer? Estas son algunas de las preguntas que una madre debería hacerle a un médico cuando ve que su hijo escapa a la media de su edad. Aunque cueste aceptarlo aún hay personas que siguen asociando salud con gordura. Seguramente has escuchado decir a alguna madre: “¿Viste que lindo y gordito está mi bebé?”. La gordura no es salud, sino que muchas veces es señal de todo lo contrario. 

 

Hace un tiempo la preocupación del mundo era la desnutrición infantil y cómo combatirla. Hoy se le suma otro tema que se sitúa en el polo opuesto. Las cifras de obesidad y sobrepeso son realmente alarmantes. En Uruguay, en niños menores de 5 años en situación de pobreza se establece un 6,8% de sobrepeso, en niños escolares llega al 8-9% y en adolescentes alcanza un 26%, según datos del Programa Nacional de Nutrición.

 

En otras partes del mundo las autoridades están muy preocupadas por esta especie de epidemia y han llegado a tomar resoluciones impensadas. En Gran Bretaña, la justicia estuvo a punto de quitar la tenencia a una madre de un chico obeso. Cuando esta noticia recorrió el mundo, Connor McCreaddie tenía 8 años y pesaba casi 98 kilos. Su familia lo dejaba comer sin límites. Cada día devoraba cuatro paquetes de papas fritas, varias tabletas de chocolate, galletas y golosinas. Incluso faltó varias semanas a la escuela porque las pequeñas caminatas lo dejaban sin aire. Finalmente se llegó a un acuerdo entre la familia del menor y la justicia y se acordó hacer un seguimiento para cuidar la salud del niño.

 

Una persona tiene sobrepeso cuando supera el 10 por ciento del peso para su talla. Es obeso cuando esta cifra es mayor al 20 por ciento. Los médicos utilizan la balanza para conocer el peso pero ese número absoluto no tiene utilidad sino se relaciona con la estatura del pequeño. El peso es variable de una persona a otra. Influyen los tejidos, la grasa corporal, los músculos y los huesos que son distintos en un organismo que otro. 

 

Según la nutricionista Lucía Pérez Castells a través del portal Nutriguía, la razón por la cual la obesidad se ha vuelto  una epidemia, es “el excesivo consumo de alimentos ricos en grasas y de dulces, y la tradicional reticencia de los niños a ingerir fruta, pescado y hortalizas. Las nuevas costumbres de niños y jóvenes, más sedentarias que las de generaciones anteriores, y la escasa actividad física completan este explosivo cóctel que hipoteca la salud de muchos niños y jóvenes”.

La obesidad infantil ha sido considerada como el resultado de mucha comida combinada con poco ejercicio. Hoy se cree que esto es verdad pero hay otros elementos que influyen tanto o más que esta cuestión. Entre ellos están los genéticos que son muy importantes en el desarrollo de este trastorno.

Para tener una real dimensión de este tema basta analizar qué es lo que comen los niños. Cuando se sientan a la mesa lo primero que se terminan es la carne y las papas fritas, “pero dejan casi toda la verdura; miran de reojo las lentejas y jamás terminan el pescado si no carece absolutamente de espinas”, según publica la nutricionista en el portal. Además añade que los pequeños “adoran los fritos, los dulces, los lácteos y los bizcochos, pero no hay quien les haga comer a menudo ensaladas o fruta”. Es verdad que no podríamos decir que esta es la regla que se repite en todos lo hogares, “cada niño es un mundo”  pero lamentablemente los pequeños que se alimentan mal son la mayoría.  

 

Para la especialista Pérez Castells “el niño come lo que ve que sus padres comen. La razón de que el menor coma mal se debe, en gran medida, a una conducta alimentaria mal aprendida en casa y a una relación poco reflexiva con la comida, a no concederle la importancia que tiene. Por ello, resulta determinante que padres, abuelos y educadores analicen hasta qué punto, con su comportamiento alimentario cotidiano, con su disciplina y el tiempo y modo que invierten en enseñar a comer a los más pequeños, son responsables de su inadecuada conducta alimentaria. Enseñar a comer forma parte de la educación. Y como aprendizaje esencial que es, requiere un esfuerzo constante y diario”.

 

Es realmente todo un desafío hacer que lo más pequeños coman frutas, a la mayoría seguro le gusta la banana porque es dulce y fácil de pelar pero es necesario que prueben otro tipo de frutas para que les aporten ciertas vitaminas y minerales. “Los niños han de comenzar el día tomando frutas: un jugo en el desayuno, o rebanadas de bananas. Si se niegan, podemos proponerles que participen en la compra y en la preparación. Al sentirse protagonistas del plato, es más probable que se lo coman”, se propone en el portal Nutriguía.

 

Los niños no deben dictaminar el menú de la casa. Esto no significa que las preferencias de los más chicos no deben ser tenidas en cuenta a la hora de planificar la comida, pero “lo de preguntarles "qué comemos mañana" es un gran, y habitual, error” aclara la especialista. Es importante que los menúes tengan una amplia gama de alimentos, que permitan variar las combinaciones y que aumenten la posibilidad de que acepten un mayor número. “Si por el contrario, si sólo ven 2 ó 3 tipos de verduras, ensaladas y frutas o el pescado cocinado siempre de la misma forma, difícilmente asimilarán lo bueno que es comer de todo”.

 

 Una de las comidas que más hay que cuidar es la merienda escolar. Hay que prepararla en casa y tiene que tener tres ingredientes fundamentales: “ser nutritiva, atractiva y segura”, afirma el portal. “Nutritiva, para asegurar el aporte de nutrientes necesarios para crecer y desempeñar las actividades diarias. Atractiva, para evitar que termine en el tacho de basura o en boca de otro compañerito y, segura, porque ningún padre quiere que su hijo coma alimentos en mal estado.”

 

Un hábito muy poco aconsejable y que se utiliza frecuentemente, es el de la recompensa. “Ofrecerles como premio algo que les atrae mucho, como el postre o los dulces, si se comen lo que no les agrada, no es buen método”, se aclara. Si hacemos una encuesta entre los pequeños seguramente muchos responderán que sí cuando se les pregunte si alguna vez en casa se los premió con un alfajor porque se tomaron toda la sopa o porque simplemente se portaron bien.

 

Pero no sólo de comidas se trata. También es importante la actividad física, realizar deportes y jugar con amigos al aire libre. Hay que evitar que el niño tenga una vida sedentaria y pase todas sus horas libres mirando televisión o jugando en la computadora.

 

La obesidad es un problema grave y al que hay que prestarle la debida atención porque sus consecuencias pueden ser realmente peligrosas. Muchos de los menores obesos tienen la presión arterial elevada y altos índices de colesterol en sangre. También pueden sufrir afecciones como intolerancia a la glucosa y resistencia a la insulina, que son las primeras señales de la diabetes tipo 2.

 

Si hablamos de consecuencias físicas tenemos que referirnos: a la movilidad, a los problemas ortopédicos y en los ligamentos. Las dificultades respiratorias que acarrea la obesidad influyen en la movilidad y es que el exceso de grasa abdominal dificulta el proceso de expansión de la caja torácica durante la respiración. Esta dificultad de movimiento lleva a estos niños a ser más sedentarios y por ende a agravar este problema. Y si esto ya no fuera suficiente, un niño obeso se siente muchas veces diferente o inferior a los demás pares, lo que puede ocasionar problemas psicológicos como baja autoestima.

 

Según la nutricionista, los niños aprenden mucho más fácil a través de la acción que mediante explicaciones, por eso es importante predicar con el ejemplo. La especialista hace hincapié en la importancia de educar “a los niños en sabores diferentes que les permitan disfrutar de una alimentación rica, variada y saludable”. Los padres en la casa y las maestras en la escuela deben instruir a los chicos en lo que es más sano para ellos. “Eso sí, sin renunciar a que las comidas constituyan un momento placentero. Y si, de paso, los mayores aprendemos a comer un poco mejor, la jugada saldrá perfecta”, afirma Castells.


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COMENTARIOS


25.11.09 - Por: Guillermo Rodriguez - Uruguay

Como cambian los tiempos! Antes, un "gordito" bien puchereado era lo mas lindo del mundo!

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