18.02.2009

Hablamos de Fantasías Sexuales

Las fantasías sexuales son representaciones mentales creadas por el inconsciente teniendo como tema principal las relaciones sexuales. Debemos destacar que se pueden producir tanto de forma voluntaria como involuntaria en nuestra mente.

Las fantasías sexuales son pensamientos e imágenes con contenidos sexuales, como ya dijimos, a veces involuntarias y otras voluntarias, y que provocan una amplia gama de deseos y emociones, desde placenteras y excitantes hasta algunas veces sensaciones incómodas y desconcertantes.

En general, se considera que las fantasías sexuales son un hecho normal dentro de la vida de una persona, forman parte de nuestra sexualidad, y no tienen por qué guardar relación necesariamente con la satisfacción o no de las relaciones sexuales. Su desarrollo no significa que la persona quiera que sucedan en la vida real, pero bien es cierto que en ellas no hay límite y todo está permitido: la única censura es la que nosotros mismos nos imponemos.

Las fantasías sexuales suelen iniciarse en la pubertad, sobre los 11-12 años, apareciendo en nuestra cultura, generalmente un poco antes en los varones. A esta edad, las fantasías sirven como “ensayo” de acciones sexuales que no se han producido aún, con personas de ficción o con alguien conocido. En la edad adulta pueden utilizarse para inducir o aumentar la excitación sexual, tanto en solitario como con la pareja, pudiendo llegar a tener una relación más apasionada.
A pesar de la popular creencia de que el varón es el que tiene mayor actividad sexual y por consiguiente más fantasías sexuales, se ha probado que hombres y mujeres fantasean al mismo nivel, solo que en diferente forma, con diferentes temas y escenarios.

Al ser parte de nuestra imaginación, las fantasías sexuales pueden perder el efecto estimulante que tienen, si intentamos llevarlas a la práctica, pues la idealización que permite nuestra mente evita detalles que en la práctica harían de una fantasía algo muy difícil de concretar o quizás hasta imposible de realizar.

En gran número de ocasiones las fantasías se oponen a la naturaleza del ser humano, a las creencias y a la escala de valores de quien las evoca pero como lo único que compromete es la imaginación, se las acepta. Como ejemplo, podríamos decir que las fantasías de infidelidad, de violación, de homosexualidad, pueden perfectamente darse en la mente de una persona y eso excitarlo sexualmente, pero puede ser que esa persona no se sienta motivado a llevarlas a la práctica nunca, porque no están de acuerdo con sus valores o preferencias reales.

Llevadas a terrenos reales las ex fantasías pierden mucho de la magia que poseían en la mente y paradójicamente una fantasía altamente excitante puede convertirse en una mala experiencia si se hace realidad.

En el mismo renglón se encuentra el compartirla o no con la pareja, pues al tornarla ajena, de los demás, pierde ese toque de exclusividad.

La opción de hacer realidad o compartir las fantasías queda al libre albedrío de cada uno de nosotros.

Como es posible que nuestras fantasías no estén en concordancia con nuestra escala de valores o con el del medio en el que vivimos, muchas veces decidimos, no ya no hacerlas realidad si no, ni siquiera compartirlas. Podríamos eventualmente hacerlo, y esto podría aumentar la comunicación, pero en general, las fantasías se consideran íntimas y personales, muy privadas, y no queremos contarlas, por sentimiento de vergüenza, o porque pensamos que podemos descubrir aspectos “negativos” de nuestra personalidad o porque si hacemos partícipe de ellas a nuestra pareja, podemos provocar un sentimiento de rechazo, de desconfianza e incluso de celos.

Debemos considerar las consecuencias, positivas o negativas, que puede tener para nuestras relaciones el hecho de dar a conocer nuestras fantasías, aunque sea a nuestra pareja.

Al estar relacionadas con la esfera de la sexualidad, se han originado numerosos mitos y tabúes alrededor de las fantasías sexuales, e incluso algunas religiones las llegan a considerar una grave falta o pecado.

Por ello, en ocasiones se producen conflictos personales entre lo que pensamos y lo que sentimos, reprimiendo estas fantasías. Para evitar los conflictos, hay que intentar desligar la imaginación del mundo real, aceptando las fantasías que se produzcan sin juzgarlas, teniendo bien claro qué es lo real y lo irreal. Si pensamos que las fantasías no tenemos que realizarlas en la realidad, disfrutaremos mucho más de ellas.

Lo más importante de todo esto es destacar a la fantasía como afrodisíaco y como antídoto efectivo para contrarrestar una realidad que muchas veces perdió encanto, perdió magia y perdió atractivo.

Ahora, ¿que pasa cuando se nos indica “jugar” con las fantasías de cada integrante de la pareja, para solucionar disfunciones sexuales? ¿Es una solución válida? ¿Funcionará?
Por todo lo antedicho en cuanto a creencias y valores de cada uno, hay que ser sumamente cauteloso, al comprometerse con una consigna de tratamiento de este tipo. En general, ningún terapeuta sexual indicaría llevarlas a la práctica, pero muchas veces, otros profesionales, con mejor voluntad que conocimientos de medicina sexual, pueden aconsejarlo a la ligera.

Y realmente, no debe de haber imagen que nos motive mayor sensación de patetismo, que una persona con deseo sexual inhibido, disfrazada de colegiala o intentando tener relaciones sexuales en un ascensor, ¡porque esa era su fantasía! Sin dudas, eso no va a hacer que el deseo aparezca por arte de magia.

Entonces, es bueno fantasear, porque enriquece la vida sexual de las personas sanas, pero no es buen recurso terapéutico, salvo que sea, como todo en Medicina Sexual, adaptado a la realidad de cada pareja.

DRA. MÓNICA LIJTENSTEIN
Médica tocoginecóloga y sexóloga clínica.
CELSAM

monilij@adinet.com.uy

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COMENTARIOS


26.03.09 - yanet camejo - uruguay

Me parece buena, y real la nota, es tal cual, los que la lean seguramente se identifiquen, los que no les suceda esto ultimo deberian investigarse, porque es tal cual.

30.08.09 - luz hernandez - veracruz

me parece ke todos las tenemos por muy reales y todos los ambitos de clases sociales damos por hecho ke las hemos cumplido y no ser fans nadamas machistas mensos