Son gemelas, lindas y tienen el mismo novio. Se llaman Liliana y Marisa Kuegler. Son dos hermanas que han
decidido que quieren convivir con el mismo hombre. Desde 2006 las gemelas – que residen en Misiones (Argentina) – viven con Juan Carlos. Las hermanas sostienen que comparten todo porque se sienten “una misma persona” y en eso está incluido el amor. Es la tercera vez que les toca compartir el novio y aseguran que no imaginan darle un cambio al rumbo de sus vidas, según lo que se cuenta en el diario El Territorio. Estas dos hermanas tienen 27 años y desde muy pequeñas se dieron cuenta que sus gustos eran iguales, que las mismas cosas las hacía felices y que cuando una estaba sufriendo, la otra podía sentir el mismo dolor ya sea físico o emocional. Estas chicas comparten el mismo novio porque niegan la posibilidad de separarse.
Dejando de lado lo extremo del caso narrado y las patologías que puedan estar allí implicadas, está claro que no sucede lo mismo en todos los casos. Hay hermanas confidentes, compañeras inseparables, cómplices pero también aquellas que son competitivas, no se ponen de acuerdo, no se toleran y desearían perderse de vista por mucho tiempo.
La relación entre hermanas es difícil y muchas veces la competencia es inevitable. Cuando niñas competían por un juguete. En la adolescencia por la belleza, la ropa y las notas. Después vinieron los novios y la popularidad que cada una tenía con el sexo opuesto. Luego vendrá el trabajo y cuál de las dos gana más o tiene una mejor posición.
Esta rivalidad que muchas veces existe tiene su raíz en varios factores, entre ellos la personalidad de cada una de ellas (si las dos son temperamentales, difícilmente se lleven bien), los problemas familiares donde muchas veces tienen posiciones contrarias, y los celos por la preferencia de uno de los padres con una de sus hijas.
Justamente, la psicóloga Sandra Misol explica que las actitudes de los padres de promover sentimientos de rivalidad o competencia son decisivas. “Las comparaciones entre hermanos son nefastas, no permite un reconocimiento de las diferencias y valorar a cada uno en su singularidad. La familia atribuye además lugares en forma no conciente, alguien queda signado para cuidar a los padres (las mujeres son las que quedan más atrapadas en esto), pero hay otros "el responsable", "el pobrecito", "la oveja negra", etc.”
Para la especialista, siempre depende de cómo se configuran los distintos escenarios familiares y los mandatos que se profesen, “hay familias que estimulan la unión como Martín Fierro:"si los hermanos pelean se los comen los de afuera" o que generan separación comparando, dando entender que hay una forma de ser "correcta", que uno tiene y el otro no, dando la sensación que las capacidades y recursos son limitados y si alguien los posee es como que se los quitara al otro”.
Amelia y Cristina no siempre fueron compañeras. Cristina es la menor de la familia y siempre fue la consentida. Cuando eran chicas vivieron momentos y problemas diferentes de la familia porque pertenecen a dos generaciones bien marcadas. Durante la niñez, la incompatibilidad no era algo notorio. Al crecer, y una de ellas irse lejos a estudiar, las mentalidades, ideas comenzaron a distanciarse cada vez más. Allí, los roces empezaron a ser frecuentes. “Recuerdo una vez, cuando mi hija cumplió quince años, terminamos peleando porque ella criticó el catering de la fiesta porque demoró mucho”, dice Amelia. Los motivos de discusión eran cada vez más banales y sin sentido. “¿Qué hizo cambiar nuestra relación? No sé, creo que un día nos dimos cuenta del verdadero valor de ser hermanas y lo que nos estábamos perdiendo. Tratamos de descubrir porqué nos llevábamos mal y allí nos percatamos del daño que nuestra propia madre, sin quererlo o no, nos estaba haciendo. Desde ese día nuestra relación es nuestra, sin intermediarios”.
Las relaciones entre hermanos/as, frecuentemente, se encuentran entre las más profundas y gratificantes de la vida, aunque pasen por momentos difíciles. Es una de las relaciones íntimas más duraderas y constantes. Y es que muchas veces, este vínculo entre hermanos nos prepara para el futuro. Las dificultades, la competencia, la rivalidad nos hace más fuertes. Misol explica que “el subsistema de los hermanos/as cumple muchas funciones en la vida en sociedad, en este ámbito de la familia el niño/a compite con otros por encontrar un lugar y una identidad que los distinga. Compite por la atención y los cuidados del sistema parental. En este sentido tener hermanos del mismo sexo y edades similares plantea desafíos distintos que cuando se llevan cierta diferencia”.
Si hablamos de construir identidades diferentes, en eso Valentina y Camila saben bastante. Ellas son mellizas, pero no se parecen en nada, ni en el físico, ni en el temperamento. Tuvieron que luchar por ser distintas y quizá por eso es que hoy no se parecen mucho. Su relación es de hermanas no amigas, a veces todo está bien y otras veces no. Camila dice que “no es cierto que las hermanas se cuentan todo. Eso es como una presión o algo que existe en el imaginario. Tenemos además un hermano más grande con el que charlo hasta más que con mi hermana, pero claro que la relación con Valentina siempre va a ser especial. Yo digo como que es algo físico o que está en la naturaleza y contra eso no se puede ir. De algún modo es lindo pensar que si alguien quiso que me acompañara en mi camino, por algo será”.
Y es que la rivalidad entre hermanos, es distinta que entre hermanas. La forma de experimentar la rivalidad también es distinta para los hermanos que para las hermanas. Los hombres demuestran la competencia o no aceptación mediante golpes o gritos, se vuelcan en definitiva más a la acción. En el caso de las mujeres, es más encubierta, se sufre en silencio, mediante emociones o hasta angustia.
Es normal que las personas compitan unas con otras, y la primera experiencia ocurre precisamente en el interior de la familia. A veces esas rivalidades se producen en la niñez y en la vida adulta son heridas ya curadas. Sin embargo, hay casos que perduran un rato, otros, gran parte o toda la vida.
A pesar de las rivalidades, de las diferencias, de las peleas y desencuentros, a pesar de todo esto, los hermanos estarán unidos para toda la vida. Para Camila su hermana “es la persona que siempre está y es un fiel testigo de lo que uno es como persona. Te conoce en tus mejores momentos pero también cuando recién te levantás o cuando no querés hablar con nadie”.
Las hermanas no son amigas ni enemigas, son hermanas. Esto implica que pueden ser las dos cosas al mismo tiempo, a veces una mejor amiga, otras la peor enemiga y en otras ocasiones ninguna de las dos. “Las cosas que más me dolieron en mi vida las escuché de mi hermana pero al mismo tiempo son las cosas que más me han servido, dice Camila. Para ella, “hay como un lazo que hace que la relación, a pesar de decirnos de todo, jamás se rompa y una plena confianza en ese sentimiento. Más que amistad o enemistad hay una complicidad casi involuntaria si se quiere”.
Por Yisela Moreira
