"Mi hijo el alumno"
Editorial Aguilar
La autoestima, casi una vacuna
La mayor parte de los padres queremos las mismas cosas para nuestros hijos: queremos que sean felices, que tengan personalidad, que no se dejen llevar por malas influencias, que sepan superar obstáculos para llegar a las metas que se propongan... ¿Y si les dijera que hay una manera de acercarse a todo eso con seguridad? Claro, no es algo que se compre ni que se consiga por el simple deseo de tenerlo. Es algo en lo que hay que trabajar todos los días y que los adultos podemos y deberíamos promover activamente en los niños: es la fortaleza emocional, esa capacidad de ser fuertes por dentro, de tener confianza en uno mismo y en su capacidad de dar batalla, de saber manejar el estrés y las frustraciones de modo de que no nos paralicen, de tener autocontrol y ser capaz de sentir y expresar nuestras emociones con fluidez y adecuación. La fortaleza emocional se compone de muchas habilidades y capacidades que todos tenemos la potencialidad de desarrollar. Entre ellas hay una que resulta muy importante por su impacto en el bienestar de la persona y por su papel impulsor de la acción constructiva y saludable: la autoestima.
Qué es y qué no es la autoestima saludable
Pocos conceptos se han desvirtuado tanto popularmente como la autoestima. A veces parece creerse que tener autoestima es creerse el mejor en todo y no reconocer las falencias ni los errores propios. Por el contrario, la autoestima implica conocerse en nuestras luces y en nuestras sombras.
La autoestima es la capacidad de cada uno de establecer la propia identidad y atribuirle valor. Se relaciona de manera indisoluble con el optimismo y la esperanza, con la confianza en uno mismo y por ende con la capacidad de trabajar hacia un objetivo y resistir presiones.
No es una autoestima saludable creerse lo que uno no es ni ser más conciente de las debilidades que de las fortalezas.
Quienes tienen una autoestima saludable están razonablemente satisfechos consigo mismos, reconocen sus fortalezas y sus debilidades con realismo y tienden a hacer una evaluación positiva de lo que hacen bien, sin ser excesivamente críticos con sus defectos. Confían en poder superarse a sí mismos, sin plantearse metas imposibles.
Los niños que han aprendido a valorarse bien a sí mismos:
El proceso de construcción de una autoestima saludable
Para empezar a construir una autoestima saludable es necesario empezar por conocerse a uno mismo, por ser capaz de mirarse y luego, de pensarse. La valoración de eso que vemos que somos va a depender en primera instancia de la valoración que nuestros padres hagan de nosotros. Será su mirada, su aceptación y estímulo lo que nos mandará los primeros mensajes de cuan valiosos somos. Unos padres que saben cuidar y proteger cuando es necesario, que permiten explorar el mundo cuando es posible son padres que trasmiten confianza en las posibilidades del hijo y le inyectan seguridad en sí mismo.
Los límites y la autoestima
La autoestima puede llegar a pensarse como una poderosa vocecita interior que nos da confianza y nos estimula al esfuerzo o que nos boicotea anunciándonos fracaso y oprobio.
Esa vocecita puede ser nuestra amiga o nuestra enemiga y se hace oír cada vez que enfrentamos un desafío o una actividad. ¿De qué depende que nos aliente o que nos anuncie el fracaso inevitable? Ese pensamiento que nos manda una clara señal de lo que podemos enfrentar o no, es el heredero de la voz de nuestros padres y de nuestros docentes, escuchadas en un estado emocional tal que quedan grabadas dentro nuestro y se activan cuando no lo esperamos. Si fuimos criados por adultos que fueron más sensibles a nuestros avances que a nuestros errores y que nos demostraron confianza y que nos permitieron equivocarnos y volverlo a intentar, nuestra vocecita será igualmente estimulante y benévola. Si, por el contrario, fuimos criados en la hipercrítica, en el castigo sistemático de todos los errores y en el no reconocimiento de lo que se hace bien, porque podría haberse hecho mejor...nuestra vocecita nos tenderá miles de deletéreos obstáculos interiores cuando tengamos que enfrentar algún desafío.
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Natalia Trenchi nació en Montevideo. Es médica y se especializó en psiquiatría de niños y adolescentes en la Universidad de la República. Se desempeñó como siquiatra del Servicio de Psiquiatría de Niños y Adolescentes del Centro Hospitalario Pereira Rossell. Docente universitaria e investigadora, ha dictado cientos de talleres y seminarios para colegas, docentes y padres en diversos ámbitos. Columnista en varios medios de prensa (El Espectador, Canal 10, El País, entre otros). En 2007 publicó con Aguilar el primer tomo de esta colección Todo sobre tu hijo. Hace ya varias décadas que por su consultorio han desfilado familia tras familia planteándole un desafío atrás de otro. Esta vasta experiencia ha sido volcada en varias publicaciones y en los innumerables seminarios que dicta todos los años en la mayoría de los colegios del país.
quisiera consejo ante miedos para enfrentar de parte de mi hijo de 13 años, escritios en el liceo. habiendo estudiado, el miedo lo paraliza de tal forma que desencadena llanto, y falta de razonamiento. quisiera consejo. gracias
Dra. Del Colegio-Liceo San Miguel de la ciudad de Mercedes- Soriano quísiéramos poder planificar una jornada para padres y docentes con usted. Por favor si fuera posible un teléfono para poder contactarnos le estaríamos muy agradecidos. Olga Bueno Coordinadora de Primaria MUCHAS GRACIAS
Estimada Dra., soy prof. de italiano, madre y ya abuela de un nieto de un año y medio y considero valiosísimos sus consejos.He puesto siempre especial cuidado en la protección de la frágil autoestima de mis alumnos y por supuesto de mi familia, también a veces de los adultos que han sido 'etiquetados' y sobrellevan cargas que los afectan a lo largo de sus vidas perjudicando también a sus descendientes. Los programas de radio y televisivos deberían contratarla diariamente.Muchas gracias por su aporte a la sociedad uruguaya.
Querida Dra. comparto cada palabra impresa en su último libro " Mi hijo el alumno ", quizás porque se acerca a lo que es mi opinión con respecto al adolescente. Mi hijo tiene 15 años, y es un ser humano increíble, lo único que este año he sentido el cambio que ya estaba anunciando la familia con respecto a los cambios que sé son normales de esa edad. Que difícil para los padres es sobrellevar de la mejor forma ese cambio !!!!! Si le digo que tendré su libro como libro de cabecera, ya necesito apoyarme en algo para comprender a mi hijo que es la luz de nuestros ojos ( papá y mamá )...
El año pasado participé en una charla dictada en el colegio Seminario. Me gustó mucho. Tenemos a nuestra hija de 10 años, con (creemos) algunos conflictos que quisiéramos consultar personalmente. No he podido conseguir su teléfono para comunicarme. Espero su respuesta. Desde ya muchas gracias.