La escritora uruguaya Andrea Blanqué(*) nos invita a conocer la historia de una mujer que para los otros lo tiene todo, pero nada de eso logra darle lo que ella anhela: felicidad.
Un libro que mezcla un pasado que condena para siempre, una adicción que parece ayudar a soportar la vida o que acompaña en la soledad y los vínculos que vamos creando en nuestra vida, sobre todo la amistad.
Fragilidad salió a la venta a fines de 2008 y agotó su edición normal. Ahora fue reeditada en un formato de bolsillo a mitad de precio.
En este artículo la propia autora define su novela.
El nombre. Los títulos de los libros no se buscan demasiado, aparecen, como una iluminación. Generalmente se me ocurren cuando ya está muy avanzada la escritura de la novela. El título me apareció en la frente, como un fogonazo:“Fragilidad.” Entonces busqué en mi viejo diccionario de la Real Academia. Busqué “Fragilidad”: calidad de frágil. Busqué “Frágil”: quebradizo y que con facilidad se hace pedazos.
Era lo que necesitaba. Mi novela se trata de una mujer que colapsa. A veces, un ser humano estalla como un vidrio, sin que haya sucedido un golpe, un portazo, una tormenta de granizo. La protagonista, Anya, tiene todo para estar entera el resto de sus días: afectos, marido, niños, dinero, trabajo, éxito social. Nada le sirve. Hay un vacío espantoso que se llena sólo con alcohol, con vino barato, que se bebe en la cocina, en secreto, cuando todos están durmiendo. Y un día Anya se rompe del todo, hace crash.
La historia. El eje temático es la historia de un ser que de pronto corta con su vida: hay muchos ejemplos alrededor nuestro de seres humanos así, una madre que abandona a sus hijos, el suicida que se tira del 7º piso, el bichicome que se fue a vivir a la intemperie pero que sigue leyendo libros sentado en un frío zaguán. Me pregunto si el colapso irrumpe de pronto o se acumula sordamente en el alma durante años. No lo sé, y tampoco me gustaría oír la opinión de un psicólogo.Yo soy de las que creen en lo imprevisible del ser humano.
Pero contrariamente a lo que pueda parecer, en ese colapso del personaje hay un proceso de purificación. Anya quiere, de pronto, dejar de ser ella, la Anya pública, la mujer trabajadora y eficiente, integrada al sistema. Quiere ser otra. Quiere fracasar, vivir como una paria. ¿Ella es la única “fracasada” de la novela”? Antes vivía inmersa en un mundo sin ideales, consumista, donde el dinero y el poder son la punta de la torre. El banco y su agencia de publicidad. ¿Esto es éxito?
Pero como trasfondo de la historia de Anya, en un segundo plano, está la historia de Leda, su mejor amiga. Hija de una ex tupamara que durante años estuvo presa, testigo a sus pequeños tres años de una balacera en su casa, en un allanamiento que le costó la vida a su padrastro y que terminó con la madre de Leda presa embarazada de ocho meses. Leda vivió “como maleta de loco”, criada por su abuela, sin padre a la vista. Ahora lleva dos divorcios y es promiscua sexualmente, pero sin embargo, Leda está mucho más entera que Anya. No vive la vida como una profunda desdicha. No está enferma. Otro misterio del ser humano.
La protagonista. Anya es una mujer dulce, dócil y bastante silenciosa que un día da rienda suelta a su odio. Porque no sólo ama a sus hijos. Odia su vida, su marido, su jefe, al dueño de la agencia de la publicidad. Una mujer que libra una batalla interna.
La amistad. Entre Anya y Leda. También las une el pasado común, muy remoto. Son muy diferentes, de distintas clases sociales, criadas de un modo radicalmente distinto. Pero compartieron la infancia, porque eran vecinas, y jugaron años juntas en las azoteas. Anya era un bebé la noche de la balacera en la casa contigua, la de sus vecinos. El resto de su vida, Anya no olvida que Leda quedó sola en la casa, a los tres años, entre los charcos de sangre.
Leda era hija de gente con ideales, que fracasó estrepitosamente. El poder les pasó por encima como una aplanadora. Anya lo sabe. No envidia los ideales de la madre de Leda, no creo que crea en ellos en absoluto. Pero sabe que tenía ideales y Anya en cambio no tiene nada en el alma, más que el vacío que necesita llenar con alcohol.
La adicción. Juega un rol fundamental. A las mujeres no se les permite beber transgresoramente.Los hombres de nuestro país han estado toda la vida acodados en boliches, tomando grapa o caña. Intelectuales prestigiosos del Uruguay irradiaban un profundo olor a alcohol. Hay literatura escrita por hombres abundante que describe el mundo de los “borrachos”. Poco hay de mujeres que beban. Carson McCullers, poco más. ¡Y cómo hostigaron a Carson Mc Cullers por ser una escritora alcohólica! ¡Se olvidaron de que todas sus desgracias no partían del alcohol, sino de una fiebre reumática no diagnosticada a los 15 años, que la dejó prácticamente paralítica a los 29! Sin duda, una mujer alcohólica bebe en secreto porque es terriblemente condenada.
El contexto. El Uruguay del Siglo XXI, con su Pocitos y sus shoppings tan parecidos al Primer Mundo, y el Uruguay de los marginados, aquel que descubre Anya al irrumpir vestida de secretaria en un boliche de mala muerte del Barrio Sur. Y, por supuesto, como en todos mis libros, aparece ese mundo incógnito para un montevideano, el Interior, en este caso Salto, con su belleza, su río, su misterio.
¿Ficción o realidad? La historia de Anya es totalmente ficción, como lo son el 95% de mis libros. Yo soy una escritora de la imaginación, no del testimonio. Pero hice una excepción en este libro con Leda. Lo de Leda sucedió, tal cual, o peor. Cuando yo era niña, a la vuelta de mi casa. Eran vecinos, yo iba mucho a la casa de ellos, como muchos niños del barrio, a jugar con las nenitas chicas de aquella joven pareja que siempre tenía la puerta abierta. Eran dos niñas, no una: una de tres y otra de dos. Las dos quedaron en medio de la balacera y más tarde fueron rescatadas por su abuela. La madre de las niñas ya estaba por parir. Parió en un cuartel. Fue un hecho que no pude olvidar nunca.
Emociones. Supongo que parece una novela dura. La gente me mira con cara de horror cuando les digo que escribí un libro sobre una alcohólica que bebe en secreto. Es algo que a la gente le parece absolutamente deprimente. Pero el libro tiene muchas sorpresas, muchos caminos imprevisibles. Personalmente, pienso que siempre hay salida aldolor, al sufrimiento extremo, cualquiera sea. Lo sé por experiencia.
Creo que hay veces que el lector tiene ganas de abofetear a Anya y tirarle el vaso al demonio, pero también creo que llega un punto en que la comprende y se solidariza con ella, e incluso es posible que llegue a sentir mucha ternura.
El público. Es para todo el mundo. Hombres y mujeres. Pero las escritoras tenemos un estigma: los lectores hombres no nos leen. Y los críticos “importantes” por lo general nos desprecian bastante. Sé que la mayoría de las personas que compran libros de ficción son mujeres (me lo dijo la escritora española Rosa Montero y es un hechomuy sabido), pero de todas formas, aunque mis libros se vendan, lo importante es que se lean. Y me gustaría que muchos hombres leyeran este libro.
(*) La escritora uruguaya Andrea Blanqué nació en Montevideo, en 1959. Su narrativa comenzó con tres libros de cuentos: Y no fueron felices (1990), Querida Muerte(1994) y La Piel Dura (1999). Este último fue elegido por la crítica uruguaya como el libro del año.
Su primera novela, La Sudestada (2001), obtuvo el Premio Revelación Bartolomé Hidalgo. Su segunda novela, La Pasajera, resultó finalista en el Premio Juan Carlos Onetti organizado por la Embajada de España y obtuvo Mención de Honor en el Concurso Municipal y Mención en el Concurso del Ministerio de Educación y Cultura. Además fue traducida al alemán y al portugués y distribuida en varios países. En el 2006, publicó su novela Atlántico, ambientada en Barcelona.
Publicó decenas de artículos en el suplemento El País Cultural, del diario El País, de Uruguay, donde desde hace doce años escribe habitualmente sobre literatura escrita por mujeres.
Me atrapo el artículo, muy interesante tanto que me dieron ganas de comprarle el libro. También estoy de acuerdo con los demás comentarios sobre lo dificultoso que se hace leer cuando las palabras están juntas.
El error no es de quien escribe es un error informático, en el momento de colgar la nota.
tienes que leer lo que escribes, porque no haces espacios entre una palabra y otra. por ejemplo: elsuplemento,porla,ymenciona, fuetraducida, etc, etc...lo ves en todo el texto
tienes que leer lo que escribes, porque no haces espacios entre una palabra y otra. por ejemplo: elsuplemento,porla,ymenciona, fuetraducida, etc, etc...lo ves en todo el texto
La nota está impresionante, parece que no se necesitara leer el libro. pero me dejó relamente interesada. Felicitaciones.
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